VI, 14.37 - No hay nada moderno en Dostoievski: salvo el gusto morboso por las enfermedades mentales


Crítica de la razón literaria
 
Una Teoría de la Literatura científica, crítica y dialéctica

Tratado de investigación científica, crítica y dialéctica sobre los fundamentos, desarrollos y posibilidades 
del conocimiento racionalista de la literatura 

Editorial Academia del Hispanismo, 2017-2022. 
Décima edición digital definitiva. 
ISBN 978-84-17696-58-0

Jesús G. Maestro
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Índices





No hay nada moderno en Dostoievski:

salvo el gusto morboso por las enfermedades mentales



Referencia 
VI, 14.37


Crimen y castigo es una novela policíaca narrada desde la psicopatología de un criminal. Concretamente, desde el criminal que todas las personas normales y corrientes llevamos dentro... Por fortuna, la mayoría de los lectores han reconocido a ese criminal frustrado en el espejo de la literatura, y allí, más o menos aliviados, lo han dejado dormido, pero con los ojos abiertos. 

Así es como la literatura y Dostoievski convierten a un psicópata y a un asesino en una criatura admirable. Y asequible.

Si la novela resulta tan inquietantemente atractiva, se debe sin duda a su capacidad para delatar la criminalidad del lector sin que éste abra la boca, pero con toda su complicidad. Porque esta novela dialoga siempre con el mismo destinatario, un destinatario único y universal: el asesino que, inocentemente ―insisto―, todos y cada uno de nosotros llevamos dentro, y no precisamente en nuestros sueños, sino en nuestra vigilia.

La democracia jamás ha podido invisibilizar ni silenciar esa vigilia. Hoy, bajo las imperativas patologías de la posmodernidad, menos que nunca. La literatura ―y la de Dostoievski está bien lejos de ser la excepción― es mucho más poderosa que cualquier idealismo político.

Crimen y castigo es la novela que Nietzsche no supo escribir. Y que sin duda le hubiera gustado protagonizar. Una más de sus infinitas frustraciones.

Después de Dostoievski, los criminales y asesinos parecen disponer de una extraordinaria destreza para disfrazarse de locos. Y ser venerados y respetados por ello. Como si un asesino o un criminal fueran lo que son por locura. Así se celebra hoy el crimen sin castigo y la locura con respeto.

La verdadera libertad comienza donde termina la ley. Porque la libertad, de hecho, sólo es verdadera si lo es para delinquir. Lo demás… se llama obedecer.

Dostoievski es el principal autor posmoderno olvidado completamente por los autores posmodernos. Más precisamente: es el gran hermeneuta de la sospecha silenciado por los hermeneutas de la sospecha. En el itinerario Marx, Nietzsche, Freud, desde siempre ha faltado Dostoievski. Las razones de todo ello hay que buscarlas en una literatura ―la dostoievskiana― que, hasta el presente, nunca ha sido atentamente comprendida por la posmodernidad ―ni por sus propios contemporáneos―, algo que en absoluto debe sorprendernos, habida cuenta de la dimensión anglosajona de los sofistas posmodernos y de los extravíos formalistas de un Bajtín seductor y latebroso, enredado en un concepto tan simple y tan inútil como el de novela polifónica. Las razones de la posmodernidad de Dostoievski exigen remontarse a ciertas genealogías muy rusas y nada roussonianas.

El cristianismo ortodoxo ―dominante en Rusia y en todo el Oriente eslavizado― se separa del cristianismo occidental en el hoy antiquísimo Cisma de 1054 o Cisma de Oriente, protagonizado por el entonces papa romano León IX y el patriarca de Constantinopla, Miguel I Cerulario, por disidencias, como siempre, más políticas que religiosas. Se aduce, incluso, que entre las razones del Cisma figuraba la acusación constantinopolitana contra el rito romano de utilizar pan ácimo o cenceño, esto es, sin levadura, en el proceso de la Eucaristía.

Pero lo cierto es que para el cristianismo ortodoxo ―y aquí sí interviene la literatura de Dostoievski― la expiación de los pecados se da en este mundo y no en una metafísica post mortem, como plantean el cristianismo católico y protestante. Así ocurre en la visión de los personajes de Dostoievski, los cuales saben que deben pagar sus culpas en este mundo. Y no reaccionan para evitar esa punición. En Crimen y castigo, Raskólnikov asume la condena, y confiesa sin atenuación todos los detalles de sus crímenes.

Tras su encarcelamiento en Siberia, Dostoievski abandona el nihilismo y sus ideas anteriores, con las que se había identificado en su juventud, para reinterpretar la realidad desde criterios propios de un cristianismo ortodoxo. El peso de la religión se articula como una ideología renuente al progreso, las ciencias, la razón y los paradigmas seculares de su tiempo. Dostoievski actúa como un posromántico, nostálgico de los valores religiosos del Antiguo Régimen, en la línea de Hegel, Nietzsche o Heidegger. Los nostálgicos de lo absoluto, obsesionados con la idea de una metafísica sin dios, de un vacío teológico que no pueden soportar, enemigos como son de toda razón antropológica: no pueden tolerar que se viva la vida bajo una razón teológica que la ciencia ha reducido a la nada. 

Su imperativo bipolar es una alternativa aberrante: o Dios, o nihilismo, pero jamás el ser humano. O razón teológica, o nada, pero jamás razón antropológica. Se trata, en suma, no de la negación de Dios, sino de la negación del Hombre. No son nihilistas teológicos, sino políticos: no niegan a la Iglesia, cuyo absolutismo añoran, castizamente, sino al Estado, de cuyo poder disienten, insolidariamente. Prefieren la complicidad del cura a la autoridad del repúblico. Todo lo contrario representa y exige la obra literaria de Cervantes. Dostoievski, tras la decepción de su experiencia nihilista, se retrotrae a la restauración de un racionalismo teológico de fundamento cristiano y ortodoxo. Considera que la ciencia deshumaniza, y que la religión humaniza. Postula que la ciencia borra y destruye las diferencias entre el bien y el mal, y que la religión las restaura y las preserva: «Si Dios no existe, todo está permitido», ésa es la condición ―sine qua non― más célebre de Los hermanos Karamazov.

Mucha ilustración, mucho kantismo, mucha «mayoría de edad», mucha retórica prusiana, pero luego resulta que son incapaces de pensar sin Dios, porque, pese a tanto racionalismo ilustrado, los hijos del idealismo alemán y del romanticismo europeísta anglosajón y afrancesado, jacobino y literario, no disponen de razón antropológica, porque toda razón es ―para ellos― teológica. No aceptan al ser humano sin Dios. No aceptan un mundo sin Dios. Dicho de otro modo: no aceptan un Estado libre, sin dominio de una Iglesia. ¿Y por qué no lo aceptan? Pues porque su mentalidad sigue siendo la del Antiguo Régimen: con 200 años de retraso. Y con escarapela incluida.

No hay nada moderno en Dostoievski, salvo el contenido menos literario de su literatura: el gusto morboso por las enfermedades mentales. Toda su literatura es una poética embellecedora de las psicopatologías humanas. La literatura como preservación de la locura. Sus psicópatas son muy simpáticos, sí, sin duda, porque son zumbados de papel, tronados genuinos de folletín, locos literarios, tarados de novela, es decir, ficciones. Por fortuna. Porque cosa bien distinta es meterse en la cama con un Raskólnikov, algo que el mundo posmoderno insiste en presentarnos como positivo, solidario e incluso imprescindible para la eudemonía globalizante. Éste es el mayor conflicto de nuestro tiempo, de nuestra posmodernidad saturada de barbarie y decadencia, el hecho atroz de que, tarde o temprano, todos y cada uno de nosotros tendremos una cita inevitable con Raskólnikov.






Información complementaria


⸙ Referencia bibliográfica de esta entrada

  • MAESTRO, Jesús G. (2017-2022), «No hay nada moderno en Dostoievski: salvo el gusto morboso por las enfermedades mentales», Crítica de la razón literaria: una Teoría de la Literatura científica, crítica y dialéctica. Tratado de investigación científica, crítica y dialéctica sobre los fundamentos, desarrollos y posibilidades del conocimiento racionalista de la literatura, Editorial Academia del Hispanismo (VI, 14.37), edición digital en <https://bit.ly/3BTO4GW> (01.12.2022).


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