VI, 14.2 - ¿Por qué la literatura es siempre racional?


Crítica de la razón literaria
 
Una Teoría de la Literatura científica, crítica y dialéctica

Tratado de investigación científica, crítica y dialéctica sobre los fundamentos, desarrollos y posibilidades 
del conocimiento racionalista de la literatura 

Editorial Academia del Hispanismo, 2017-2022. 
Décima edición digital definitiva. 
ISBN 978-84-17696-58-0

Jesús G. Maestro
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Índices





¿Por qué la literatura es siempre racional?


Referencia VI, 14.2


¿Por qué la literatura es siempre racional?

Toda Revolución se manifiesta siempre como una profecía que postula intimidatoriamente un Apocalipsis.

De varias maneras, la literatura primitiva o dogmática opera en esas coordenadas: revolución, profecía, apocalipsis… Las revoluciones posmodernas, en cierto modo, también. Pero, para tranquilidad de todos, en la posmodernidad, todo transcurre verbalmente, de modo que lo que se dice siempre es más importante que lo que se hace. Los hechos se disuelven en interpretaciones: son sólo palabras.

La ontología cabe en una cajita filológica.

Pero cuando la literatura se divorcia de la religión, de modo que la literatura primitiva o dogmática desaparece para dar lugar a una literatura crítica o indicativa, las cosas cambian sustancialmente, tanto para la literatura como para la religión.

La literatura se divorcia de la religión cuando la literatura se hace definitivamente, irreversiblemente, racionalista, y abandona la creencia en el mito, la magia y los númenes religiosos, para convertirlos en unos más de sus juguetes. La religión nunca se lo perdonó. Sus sacerdotes, aún menos.

Tampoco se lo perdonaron los filósofos. La ira de Platón, más sofisticada, como la de todos los filósofos, que la de los sacerdotes, no fue menor. La filosofía es una forma excéntrica de ejercer la sofística. El fundamentalismo filosófico no es menos cerril y tesonero que el fundamentalismo religioso. Es el mismo, pero acaso más sutil e incluso torpemente obstinado. La religión actúa en nombre de la fe. La filosofía cree actuar en nombre de la razón. Ambas —ingenuas y malévolas— se jactan de ser posesas de la verdad, como si la una y la otra pudieran reemplazar a las ciencias y hablar en su nombre. Ni religión ni filosofía son especialmente solubles en la libertad. En la literatura, menos. Las ciencias nada quieren saber de ellas.

Piénsese que la ciencia es lo único que, verdaderamente, hace prosperar la vida humana. Ni la religión, ni la política, ni la filosofía han alcanzado nunca los progresos de las ciencias. Con frecuencia, ni siquiera los han permitido en numerosas ocasiones históricas. Religión, política y filosofía han sido muchas veces obstáculos en el desarrollo de las ciencias. Históricamente y también actualmente.

Este antiquísimo divorcio entre religión y literatura tiene como consecuencia la obra homérica: Ilíada y Odisea. Atrás queda todo lo demás: el Antiguo Testamento, las teodiceas presocráticas, el zoroastrismo persa, Buda y los Upanisads hindúes, la moralina consolatoria de Confucio y Lao-Tsé... La literatura no será una plegaria, ni el parto de un orate, ni un libro de autoayuda, ni un catecismo, ni un código civil ni penal, ni una parénesis gremial… De todo eso huyó la literatura a lo largo de los diez últimos siglos antes de nuestra Era.

Y huyó, esto es, se hizo racional, por dos hechos fundamentales: por su idea de ficción y por su idea de fábula. Es decir, huyó en busca de libertad.

Por la ficción, la literatura se deshizo de todo Dios: los convirtió en ficciones. ¿Cabe mayor sacrilegio? Los dioses dejaron de ser operatorios. Dejaron de existir realmente. Se tornaron ficticios. Comenzaron a ser de mentira. La literatura convirtió a las divinidades en pasto de creyentes y —mucho más tarde— de teólogos. Combustible de religiones.

Por la fábula, la literatura se libertó de la Historia. La literatura no cuenta los hechos ocurridos operatoriamente, sino los hechos expuestos estructuralmente, a partir de la realidad, pero al margen de ella. La literatura no volverá a ser un simulacro de la realidad. (Lo siento: la literatura no cabe en el periodismo).

En suma, por la ficción, la literatura se hace insoluble en la religión, y, por la fábula, resulta insoluble en la Historia.

Y desde entonces, hasta hoy, en que no las religiones, sino las ideologías, de necrosis posmoderna, pretenden encapsular a la literatura en sus irracionalismos gremiales, engagés o, simplemente, lisérgicos, para negar la libertad que exige su conocimiento científico y su enseñanza en las Universidades, actuales camposantos de nuestra posmodernidad.






Información complementaria


⸙ Referencia bibliográfica de esta entrada

  • MAESTRO, Jesús G. (2017-2022), «¿Por qué la literatura es siempre racional?», Crítica de la razón literaria: una Teoría de la Literatura científica, crítica y dialéctica. Tratado de investigación científica, crítica y dialéctica sobre los fundamentos, desarrollos y posibilidades del conocimiento racionalista de la literatura, Editorial Academia del Hispanismo (VI, 14.2), edición digital en <https://bit.ly/3BTO4GW> (01.12.2022).


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Crítica de la razón literaria Jesús G. Maestro