III, 5.6.1.1.2 - Metodologías α-operatorias y β-operatorias

 

Crítica de la razón literaria
 
Una Teoría de la Literatura científica, crítica y dialéctica

Tratado de investigación científica, crítica y dialéctica sobre los fundamentos, desarrollos y posibilidades 
del conocimiento racionalista de la literatura 

Editorial Academia del Hispanismo, 2017-2022. 
Décima edición digital definitiva. 
ISBN 978-84-17696-58-0

Jesús G. Maestro
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Índices





Metodologías α-operatorias y β-operatorias


Referencia III, 5.6.1.1.2


Jesús G. Maestro, Crítica de la razón literaria

A continuación, en segundo lugar, es necesario exponer, siguiendo a Bueno, la diferencia entre situaciones alfa (α) y situaciones beta (β), para identificar una realidad absolutamente fundamental en la organización de las ciencias según la gnoseología materialista de la teoría del cierre categorial, esto es, la presencia o la inexistencia de seres humanos —de sujetos operatorios o sujetos gnoseológicos—, como términos dados dentro del campo categorial de una ciencia o categoría concreta. Por ejemplo, la Historia es una ciencia que exige la presencia de seres humanos como sujetos vivos en su campo categorial, porque no es posible elaborar una historia de Europa sin europeos, ni una historia de Francia sin Napoleón, es decir, no es posible plantear una ciencia como la Historia al margen de la existencia de los seres humanos implicados directamente en la operatoriedad de esta categoría. Lo mismo cabe decir de la lingüística: no puede haber ciencia del lenguaje al margen de seres humanos hablantes. Hay determinadas ciencias en las que es imposible hacer desaparecer la presencia, la operatoriedad, del ser humano como sujeto operatorio. No puede haber una lingüística sin hablantes, ni una Historia sin seres humanos, ni un Derecho sin jueces ni delincuentes, ni una Teoría de la Literatura sin autores, lectores e intérpretes o transductores (reales, no ideales). Sin embargo, sí puede haber una matemática, como de hecho hay, en cuyo campo categorial no hay seres humanos, porque los números, en todas sus variedades (naturales, primos, quebrados, racionales, decimales, etc.), no son humanos. Lo mismo ocurre con la astrofísica o la biogenética. Por mucho que miremos a través de un telescopio o de un microscopio, jamás veremos entre planetas o satélites, entre células y mitocondrias, la figura de un ser humano en el ejercicio de su vida cotidiana, haciendo deporte o simplemente respirando. No hay seres humanos describiendo trayectorias espaciales entre los planetas y satélites de un sistema solar o de una galaxia, del mismo modo que no hay sujetos operatorios humanos conviviendo con glóbulos blancos o microorganismos celulares[1], porque el ser humano no es un término dado en los campos categoriales de la medicina, la astrofísica o la matemática.

La diferencia entre las situaciones α y β es una diferencia gnoseológica, no ontológica, ni epistemológica, es decir, es una diferencia cuyo significado determina de forma esencial la naturaleza y los criterios mismos de los materiales científicos específicos de cada ciencia. La presencia o ausencia del sujeto gnoseológico como término inserto o inexistente en el campo de investigación de una ciencia dada será, pues, determinante para distinguir las metodologías α, o ciencias α-operatorias, de las metodologías β, o ciencias β-operatorias:


Cuando (desde la teoría del cierre categorial) el sujeto es el sujeto gnoseológico, reconocer la posibilidad de aparecer (reflexivamente) el sujeto entre los términos del campo, entre los objetos, es tanto como reconocer que el sujeto aparece, no como un objeto más, sino, principalmente, como un sujeto operatorio (como una operación, o, por lo menos, como un término que opera, que liga apotéticamente otros términos del campo). Lo que equivale a decir que actúa como un científico. Y esta peculiaridad ya tiene indudable pertinencia gnoseológica, y aun de muy críticos efectos (Bueno, 1992: I, 199).


Nótese que en nuestra reinterpretación de la teoría del cierre categorial, desde la Crítica de la razón literaria, tendemos a identificar ciencias y metodologías. Las ciencias son categorías, sí, pero lo son porque funcionan, esto es, operan, como metodologías. En las llamadas ciencias humanas, que el materialismo filosófico de Bueno reinterpretará desde los criterios gnoseológicos de las metodologías o ciencias β-operatorias, el sujeto operatorio está presente como término en el espacio gnoseológico. En este tipo de ciencias, las operaciones no son externas al campo, sino inmanentes. El sujeto gnoseológico tendrá que someterse a procesos de neutralización o segregación, y en algunos casos, como veremos, no podrá neutralizarse o segregarse completamente. Esta última propiedad de algunas ciencias, lejos de ser una limitación, es una afirmación de determinadas potencias que resultan específicas de tales modos de conocimiento científico. Hay que superar esa tendencia psicológica a considerar como una deficiencia o una limitación la resistencia de determinadas ciencias a neutralizar completamente la presencia del ser humano en sus campos categoriales.

Llegados a este punto conviene explicar la distinción que establece Bueno entre sujetos operatorios y agentes reflexivos, y de la que se han hecho eco muchos de sus lectores y discípulos, si bien no todos con la misma uniformidad de criterios. Los seres humanos pueden ser tanto lo uno como lo otro, es decir, bien sujetos operatorios, como hablantes, personas históricas, miembros de una sociedad política, autores de obras literarias, pacientes de un psicoanalista, artífices de planes políticos o económicos, etc., bien agentes reflexivos, como el intérprete de la lingüística, como el analista de la Historia, como el antropólogo o el etnólogo, como el médico, como el politólogo o como el economista. Cuando el ser humano se comporta y actúa como sujeto operatorio exige una metodología operatoria β, mientras que cuando actúa como agente reflexivo exige una metodología operatoria α. 

Las ciencias cuyos materiales de conocimiento se sitúan en campos categoriales donde el ser humano puede hacer acto de presencia y comportarse como sujeto operatorio sólo alcanzarán resultados objetivos si aplican las metodologías α-operatorias, es decir, si como agente reflexivo el intérprete puede neutralizar objetivamente las intervenciones operatorias de los seres humanos implicados en tales campos categoriales, esto es, de los seres humanos implicados formalmente (como sujetos operatorios) entre los términos o materiales de conocimiento de dicho campo categorial. Si en tales casos no resulta posible aplicar las metodologías α-operatorias, habrá que aplicar las β-operatorias, cuyos procedimientos incluyen el intento de organizar científicamente un campo categorial que reproduce de forma analógica las operaciones que ha ejecutado el investigador para organizarlo como tal campo categorial. 

Este último supuesto tiene lugar cuando el agente reflexivo se convierte —sin dejar de ser agente reflexivo o intérprete—, en sujeto operatorio de un campo categorial. En este caso, el procedimiento del científico consiste en reconstruir gnoseológicamente las operaciones realizadas por los seres humanos que se dispone a analizar. El científico es, en este contexto, además de agente reflexivo, un sujeto operatorio más. En esta imposibilidad de eliminar y neutralizar las operaciones del agente reflexivo reside el mal llamado «subjetivismo» de las ciencias (β-operatorias), así como el distinto y menor estatuto gnoseológico de las verdades alcanzadas desde esta metodología (β-operatoria)[2]. Este último problema no tiene lugar en los campos categoriales donde el ser humano no se manifiesta ni está implicado como sujeto operatorio. Es lo que sucede, por ejemplo, en la matemática, la biología o la botánica, la química organometálica o la termodinámica, la astrofísica o la veterinaria. Los términos que configuran éstas y otras ciencias no son sujetos operatorios humanos, es decir, no desarrollan conductas antropológicas, ni actúan con voluntad propia para ocultarse o manifestarse a la acción de los agentes reflexivos humanos. El planeta Saturno no se oculta instintivamente cuando un astrónomo lo examina desde su telescopio, del mismo modo que la velocidad de la luz no se detiene ni se acelera, avergonzada o insolente, ante la observación inquisitiva del investigador o agente reflexivo. Ni la luz del Sol ni los movimientos de Saturno pueden considerarse resultado de un sujeto operatorio humano. Pueden, pues, estudiarse desde las metodologías α-operatorias.


Entendemos por metodologías β-operatorias aquellos procedimientos de las ciencias humanas en los cuales esas ciencias consideran como presente en sus campos al sujeto operatorio […]. Entendemos por metodologías α-operatorias aquellos procedimientos […] en virtud de los cuales son eliminadas o neutralizadas las operaciones iniciales […]. La dialéctica propia de las metodologías α y β así definidas puede formularse sintéticamente de este modo: las ciencias humanas, en tanto parten de campos de fenómenos humanos (y, en general, etológicos), comenzarán necesariamente por medio de construcciones β-operatorias; pero en estas fases suyas, no podrán alcanzar el estado de plenitud científica. Este requiere la neutralización de las operaciones y la elevación de los fenómenos al orden esencial (Bueno, 1992: I, 201).


En consecuencia, se impone distinguir, siempre siguiendo a Bueno (1992, 1995) por el momento, entre metodologías alfa (α) operatorias y beta (β) operatorias. Esta distinción introduce una profundidad mayor respecto a la discriminación previa entre situaciones alfa (α) y beta (β). Las situaciones anteriores se considerarán ahora como exigentes de metodologías, desde el momento en que tales situaciones constituyen de facto campos categoriales o científicos, es decir, son depositarias de hechos y fenómenos verbales, literarios, numéricos, jurídicos, bélicos, físicos, contaminantes, víricos, climáticos, etc., que los conviertan en términos constituyentes del campo científico o categorial, respectivamente, de la lingüística, la Teoría de la Literatura, la matemática, el Derecho, la Historia, la física, la química, la medicina, la meteorología, etc. Son metodologías alfa (α) operatorias aquellas que contienen en sus campos categoriales términos que no son humanos, como es el caso de la matemática, la química, la astrofísica, la termodinámica, etc., desde el momento en que el número 7, el benceno, los anillos de Saturno o la entropía no son seres humanos. Son metodologías beta (β) operatorias aquellas ciencias en cuyos campos categoriales están presentes, constitutivamente, esto es, ontológicamente, seres humanos, como ocurre en la Historia, la Teoría de la Literatura, el Derecho, la lingüística, la antropología… 

Se observará que, en principio, hay un criterio que puede usarse para discriminar las metodologías alfa (α) operatorias de las metodologías beta (β) operatorias, un criterio que se objetiva en la presencia o ausencia de seres humanos dentro de los campos categoriales de cada una de estas ciencias o metodologías. Se observará, asimismo, que hay un conjunto de ciencias, las que podríamos denominar alfa (α) operatorias, que existen exentas de seres humanos dentro de sus campos categoriales, es decir, que no necesitan segregar o disolver la presencia de sujetos humanos —gnoseológicos u operatorios— dentro de sus campos de investigación, porque, por su propia naturaleza, ningún ser humano «habita» en esos campos. Sin embargo, hay otro tipo de ciencias, las denominadas metodologías beta (β) operatorias, que están determinadas por la presencia de seres humanos habitando en el interior de sus campos categoriales, lo cual exige que la investigación científica lleve a cabo una labor de regreso (regressus) hacia situaciones donde sea posible segregar, disolver o esterilizar, en nombre de la objetividad científica, la presencia de todo componente psicológico, fenomenológico o subjetivo.

Se concluye, pues, que no cabe hablar, en consecuencia, de ciencias en «sentido ontológico» (ciencias humanas y ciencias naturales), sino de ciencias en «sentido gnoseológico», es decir, de metodologías. De este modo, el materialismo filosófico de Bueno distingue entre metodologías operatorias α, que dan lugar las llamadas ciencias α-operatorias, y metodologías operatorias β, que dan lugar a las ciencias β-operatorias. Aquí reside uno de los núcleos esenciales de la aportación de Bueno en que nos apoyamos.

El reto al que ahora nos enfrentamos es demostrar que la Teoría de la Literatura está en condiciones de regresar a estructuras objetivas en las que es posible la neutralización del sujeto operatorio, y su reemplazo o subrogación por un sujeto reflexivo, en los términos antemencionados. A la Crítica de la Literatura, sin embargo, no le es posible, en el proceso de regreso hacia la conceptualización de los fenómenos de partida, la construcción de estructuras objetivas, porque la figura del sujeto operatorio es en tales escenarios imposible de neutralizar por completo. Acaso se puede alcanzar en la crítica literaria neutralizaciones parciales o puntuales, pero en ningún caso completas, como se explicará inmediatamente. Sin embargo, por lo que se refiere a la Teoría de la Literatura, sí sostenemos que esta neutralización del sujeto operatorio es posible. ¿Cómo? Mediante un proceso de regresión (regressus) hacia reconstrucciones conceptuales o estructuras objetivas de las que el sujeto resulta progresivamente segregado. Es cierto que el margen de segregación es pequeño, si lo comparamos con el que ofrecen otras ciencias, como la estadística, la estereometría o la química, indudablemente, pero no es imposible, ni en absoluto irrenunciable. Puedo admitir que la Teoría de la Literatura sea una ciencia «minimalista», al lado de ciencias «maximalistas», como la matemática o la física, sin duda, pero no puedo aceptar que se le niegue, sin más, un estatuto gnoseológico o científico, porque desde las poderosas exigencias que impone la teoría del cierre categorial de Bueno sí es posible reconocer en la interpretación de los materiales literarios un sistema conceptual definitorio, clasificatorio, demostrativo y modélico, capaz de construir, codificar y operar con términos, relaciones, referentes y estructuras o esencias literarias objetivas, y, en consecuencia, de segregar, también rigurosamente, operaciones, fenómenos, autologismos, dialogismos e incluso normas. Veamos cómo.


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NOTAS

[1] Al modo en que se describe en la película Un viaje alucinante (1966).

[2] Cuando en un campo categorial uno de los términos es un sujeto operatorio humano, el agente reflexivo ha de reconstruir las relaciones entre los términos convirtiéndose él también en un sujeto operatorio. Ha de renunciar de este modo a las metodologías α-operatorias, y usar las β-operatorias.






Información complementaria


⸙ Referencia bibliográfica de esta entrada

  • MAESTRO, Jesús G. (2017-2022), «Metodologías α-operatorias y β-operatorias», Crítica de la razón literaria: una Teoría de la Literatura científica, crítica y dialéctica. Tratado de investigación científica, crítica y dialéctica sobre los fundamentos, desarrollos y posibilidades del conocimiento racionalista de la literatura, Editorial Academia del Hispanismo (III, 5.6.1.1.2), edición digital en <https://bit.ly/3BTO4GW> (01.12.2022).


⸙ Bibliografía completa de la Crítica de la razón literaria



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Jesús G. Maestro, Crítica de la razón literaria