Francisco de Quevedo: «Instrucción y documentos para el noviciado de la Corte»

               

   





Francisco de Quevedo

(Madrid, 14 de septiembre de 1580 · Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 8 de septiembre de 1645)



Instrucción y documentos
para el noviciado de la Corte
*


     A la corte vas, Perico;
niño, a la Corte te llevan
tu mocedad y tus pies:
Dios de su mano te tenga.
     Fiado vas en tu talle,
caudal haces de tus piernas;
dientes muestras, manos das,
dulce miras, tieso huellas.
     Mas si allá quieres holgarte,
hazme merced, que en la venta
primera trueques tus gracias
por cantidad de moneda.
     No han menester ellas lindos[1],
que harto lindas se son ellas,
la mejor facción de un hombre
es la bolsa grande y llena.
     Tus dientes para comer,
te dirán, que te los tengas;
pues otros tienen mejores,
para mascar tus meriendas.
     Tendrás muy hermosas manos,
si dieres mucho con ellas:
blancas son las que dan blancas,
largas las que nada niegan.
     Alabaránte el andar,
si anduvieres por las tiendas;
y el mirar, si no mirares
en dar todo cuanto quieran.
     Las mujeres de la Corte
son, si bien lo consideras,
todas de Santo Tomé,
aunque todas no son negras.
     Y si en todo el mundo hay caras,
solas son caras de veras,
las de Madrid, por lo hermoso
y por lo mucho que cuestan.
     No hallarás nada de balde,
aunque persigas las viejas:
que ellas venden lo que fueron,
y su donaire las feas.
     Mientras tuvieres que dar,
hallaras quien te entretenga,
y en expirando la bolsa,
oirás el Requiem aeternam.
     Cuando te abracen, advierte
que segadores semejan:
con una mano te abrazan,
con otra te desjarretan[2].
     Besaránte como al jarro
borracho bebedor besa,
que, en consumiendo, le arrima,
o en algún rincón le cuelga.
     Tienen mil cosas de nuncios,
pues todas quieren que sean
los que están abreviadores,
y datarios los que entran[3].
     Toman acero en verano,
que ningún metal desprecian:
Dios ayuda al que madruga;
mas no, si es andar con ellas.
     Pensóse escapar el sol,
por tener lejos su esfera;
y el invierno[4], por tomarle,
ocupan llanos y cuestas.
     A ninguna parte irás,
que de ellas libre te veas:
que se entrarán en tu casa
por resquicios, si te cierras.
     Cuantas tú no conocieres,
tantas hallarás doncellas;
que los virgos y los dones
son de una misma manera.
     Altas mujeres verás,
pero son como colmenas:
la mitad, güecas y corcho[5],
y lo demás, miel y cera[6].
     Casamiento pedirán,
si es que te huelen hacienda:
guárdate de ser marido,
no te corran una fiesta.
     Para prometer te doy
una general licencia,
pues es todo el mundo tuyo,
como sólo le prometas.
     Ofrecimientos te sobren,
no haya cosa que no ofrezcas:
que el prometer no empobrece,
y el cumplir echa por puertas.
     La víspera de tu santo
por ningún modo parezcas:
pues con tu bolsón te ahorcan,
cuando dicen que te cuelgan[7].
     Estarás malo en la cama
los días todos de feria[8];
por las ventanas, si hay toros[9],
meteráste en una iglesia.
     Antes entres en un fuego
que en casa de una joyera,
y antes que a la platería
vayas, irás a galeras.
     Si entrar en alguna casa
quieres, primero a la puerta
oye, si pregona alguno:
no te peguen con la deuda.
     Y si, por cuerdo y guardoso,
no tuvieres quien te quiera,
bien hechas y mal vestidas
hallaras mil irlandesas.
     Con un cuarto de turrón,
y con agua y con gragea[10],
goza un Píramo barata,
cualquiera Tisbe gallega. 
     Si tomares mis consejos, 
Perico, que Dios mantenga, 
vivirás contento y rico 
sobre la haz de la tierra.
     Si no, veráste comido
de tías, madres y suegras,
sin narices y con parches,
con unciones y sin cejas[11].
 


____________________

NOTA

[*] Francisco de Quevedo, Poemas escogidos, Madrid, Castalia, 1987, pp. 280-284. Edición de José Manuel Blecua. Nótese que el romance barroco— sigue el procedimiento retórico de la epístola, en amalgama de parénesis y didactismo, pero en este caso invertido, o saturado de sátira y de advertencias propias del desengaño, la desilusión o el escarmiento. Es claramente literatura monitoria y conminatoria. Bajo una apariencia coloquial y muy confidencial, propia de la tonalidad de la carta o epístola familiar, se procede a describir prolépticamente ante un supuesto destinatario los hechos cotidianos con los que este incauto o virginal aventurero ha de encontrarse en la corte matritense. El objetivo parenético, sin bien comunicado de forma cruda y satírica, es la prevención del fracaso personal: verse acabado, sin dinero y sin salud. El germen de la literatura costumbrista también está presente en composiciones de esta naturaleza, tan descriptiva, urbana y sociológica. Este romance de Quevedo ejerció una influencia canónica en múltiples composiciones posteriores relativas al intertexto literario de los avisos a cortesanos. Uno de los textos acaso más célebres inmediatos fue el de Gabriel Bocángel y Unzueta, El cortesano español, que edita Trevor J. Dadson (Avisos a un Cortesano: An Anthology of Seventeenth-Century Moral-Political Poetry, University of Exeter, 1985, pp. 3-24): «A la corte vas, Fernando, / noble, heredado y mancebo, / tres dichas, mas no tan dichas / de parte de ser tres riesgos. / Mis consejos quiero darte, / y, porque son los consejos / la vida mejor del hombre, / hoy segunda vez te engendro» (vv. 1-8). Dadson data la composición de este poema de Bocángel a finales de la década de 1640, y sugiere que es influencia del romance de Quevedo, sin duda compuesto antes de 1645, ante la imposibilidad, por el momento, de una datación más precisa.

[1] Hombres afeminados.

[2] Desjarretar es, literalmente, cortar por el jarrete la pata de un animal. También tiene el sentido de consumir, debilitar o agotar las fuerzas de alguien.

[3] Nuncios, abreviadores y datarios remiten a cargos de alta responsabilidad administrativa, respectivamente, embajadores o representantes papales, oficiales de la cancillería romana responsables del estracto de documentos y presidentes de dataría, tribunal de la curia romana a cargo del despacho de comisiones. 

[4] Léase y en el invierno.

[5] Hace referencia —cosificante— a la indumentaria femenina. Corcho designa el calzado: chapines. Huecas apela a accesorios como tontillos y guardainfantes, que portaban las mujeres bajo la basquiña y la saya, y proporcionaba un realce al indumento. 

[6] Nueva y degradante reificación femenina: miel y cera remite a los afeites femeninos. Es imagen reductora, grotesca e impresionista: corcho, oquedad, aceites.

[7] Colgar hace aquí referencia al acto de regalar algo con motivo de la celebración de una onomástica o cumpleaños.

[8] Se supone de busconas y pedigüeñas intensificaban sus peticiones en los días de feria.

[9] Para ver los toros desde una ventana había que pagar, no era gratuito.

[10] Entiéndase por gragea dulce o golosina, como forma de pago prostibulario.

[11] Las unciones designan aquí el tratamiento de la sífilis, mediante la aplicación de ungüentos o unturas mercurio.



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